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jueves, 7 de febrero de 2008

Los niños con sobrepeso

Es preocupante el elevado número de niños que en nuestro país muestran un claro sobrepeso. De este porcentaje, una minoría son obesos; que pueden sufrir algún tipo de enfermedad metabólica que determina esa acumulación excesiva de grasa. Por el contrario la gran mayoría restante de estos niños, están obesos; es decir, ese sobrepeso ha sido determinado básicamente por factores psicológicos, familiares o culturales.

Tanto los que corresponden a un grupo como al otro, son pequeños que muestran un trastorno, y lo aconsejable es, naturalmente, remediarlo cuanto antes.

A continuación respondemos a las preguntas más importantes acerca de la obesidad.

¿Por qué se produce la obesidad?

Una persona se vuelve obesa cuando ingiere más calorías de las que gasta. Esas calorías se acumulan, en forma de grasa, en unas células llamadas adipocitos. Hay obesos que tienen estas células muy llenas (obesidad hipertrófica); y otros que tienen más cantidad de adipocitos de lo normal, lo que da lugar a la llamada obesidad hiperplasia.

¿Puede aumentar el número de adipocitos en un niño?

En ciertos períodos, como la primera infancia y la pubertad, los adipocitos se reproducen. Si se alimenta incorrectamente al niño durante estas etapas, se corre el riesgo de aumentar excesivamente la cantidad de estas células, lo cual favorece la formación de la obesidad en el niño.

Muchos padres dejan que sus hijos engorden suponiendo que "ya adelgazará cuando sea grande"; esto es, evidentemente, un grave error.

¿Es hereditaria?

Tanto el hambre como saciedad son regulados por hipotálamo, por transmisión química, pero aún no están totalmente claros estos mecanismos. Parece ser hereditaria la cantidad de alimentos que ingieren hasta sentir saciedad los padres que comen mucho suelen tener hijos que comen más de la cuenta también.

En un estudio realizado con gemelos que han sido separados y criados en distintos hogares, se llegó a la conclusión que la obesidad es, en parte hereditaria. En este estudio vio que la mayoría de los niños obesos tienen padres que también lo son. Así, si ambos padres tienen un peso normal, lo en un nueve por ciento los casos los hijos serán gorditos; en cambio, si uno de padres pesa más de la cuenta los hijos tendrán el 41 por ciento de posibilidades de pesar más. La cifra aumenta si dos padres son obesos; en estos casos el riesgo de gordura eleva al 73 por ciento.

¿El incremento excesivo de peso puede ser consecuencia de una enfermedad?

Algunas lesiones del sistema nervioso central y ciertos problemas endocrinos, como, hipotiroidismo, pueden causar este síntoma. Lo mismo que el exceso de corticoides, bien sean éstos producidos por el organismo o tomados para combatir otra enfermedad.

El exceso de kilos en los niños es un problema importante, no sólo por sus consecuencias psíquicas, sino también porque los pequeños "rellenitos" pueden llegar a ser adultos obesos.

¿Cuándo se considera que un niño es obeso?

Cuando pesa un 10 por ciento más de lo que indican las tablas como peso ideal para su edad se considera que es gordo, y obeso cuando sobrepasa en un 20 por ciento (o en más) la cifra que estas tablas muestran como el peso adecuado.

¿Qué deben hacer los padres cuando descubren que su hijo pesa más de la cuenta?
Lo aconsejable es acudir al pediatra y de esta forma poner remedio a ese aumento de peso y evitar que llegue a convertirse en un gordito o, en el peor los casos, en un obeso.

¿En qué consiste el tratamiento?

La obesidad infantil es fácil de corregir, sobre todo cuando no está asociada a ninguna enfermedad. Una dieta adecuada, que regule la ingestión de azúcares y grasas, que sea abundante en verduras y frutas, da resultado. Por lo general, no es necesario recetar medicamentos a los niños gorditos.
¿Qué peligros físicos entraña la obesidad?

Prácticamente ninguno durante la infancia. El más grave de todos es que determina una obesidad cuando sea adulto, y es entonces cuando conlleva grandes riesgos, por ejemplo, las cardiopatías.

¿Qué medidas pueden tomar los padres de un niño obeso?

Además de llevarlo al pediatra, los padres deben evitar ofrecerle "comida rápida" (papas fritas, galletitas dulces, caramelos). También es muy importante que jueguen con él para que se mueva y haga ejercicio.

Los trucos de los padres
La ayuda más importante que puede brindar los padres a un gordito es apoyarlo y evitarle todo tipo de tentaciones.

  • No deje la comida a la vista del niño.
  • No compre nada que tenga que prohibir a su hijo.
  • Toda la familia se pone en guardia, lo que se trata de no comer lo nunca se ha debido comer., nadie sufre por no comer dulces, tortas, gaseosas etc..déjelos para las fiestas.
  • Si sobra un panqueque, hacerlo desaparecer de su vista; de otro modo, será seguramente él quien lo coma.
  • Sirva platos pequeños, es raro que pida repetición.
  • Establecer un lugar fijo para comer. No permitir que lo haga viendo la tele o leyendo.
Un régimen psicológico

La gordura no es sinónimo de salud o felicidad
. "La popular imagen del gordo feliz", no es más que un mito -, porque la mayoría de los niños obesos son intensamente desdichados. No solo tienen que enfrentar a las burlas y rechazos de los otros niños sino que, además, se ven a sí mismos como algo desagradable. Llegan a vivir su gordura como una especie de desgracia que las ha caldo encima cuando lo cieno es que está motivada por malos hábitos adquiridos poco a poco. Si recibe un chocolate cuando está triste, papas fritas cuando se cae en la plaza y, cuando se aburre, una porción de torta el niño puede llegar a confundir cualquier sensación desagradable con el hambre. Con este aprendizaje erróneo, la ansiedad, el aburrimiento o la depresión, lo llevarán inexorablemente a la cocina, donde encontrará un consuelo inadecuado.

Si él no adelgaza cabe pedir ayuda. Se hace una evaluación de sus hábitos alimenticios: cuánto come, cuándo, ante qué situaciones, etc., para poder modificar su comportamiento, y se pacta con él la cantidad y calidad de alimentos que ha de ingerir. Seguramente el niño va a cometer errores, pero se trata de que reduzca cada vez más el número de ésos".

lunes, 4 de febrero de 2008

Un niño gordo no es un niño sano

Lo primero que podemos señalar es que estos conceptos están pasados de moda y ahora los padres, aconsejados por el pediatra, tienen un rol primordial en la prevención de la obesidad de sus hijos.

La mayoría de los niños presenta una obesidad simple cuya causa es un desbalance entre sus requerimientos físicos y lo que come.

Son raros los casos de enfermedad secundaria debida a otra condición como hipotiroidismo, genopatía...

Un concepto importante, por el contrario, es que cada organismo tiene requerimientos diferentes, es decir, no todos los niños necesitan comer la misma cantidad. Desconocerlo, en algunos casos, puede fomentar la obesidad.

Otra premisa destacada es que no podemos medir nuestro cariño para con el niño por el estómago. No tanta alegría porque se lo comió todo, ni tampoco ofrecimiento de golosinas porque está llorando...

El número de obsesos aumenta día a día. Hay una influencia indesmentible de todos los medios de comunicación que fomentan diversos consumos de alimentos con gran cantidad de calorías y poco valor nutritivo.

Existen cuatro circunstancias fundamentales que nos inducen a preocuparnos seriamente del problema de la obesidad y su prevención.

En primer lugar, están los probados riesgos biológicos para un menor obeso, expresados en un deterioro y acortamiento de la vida adulta por diabetes, hipertensión o enfermedades coronarias.
Existen, asimismo, evidencias concretas de que la obesidad se gesta en la infancia, por lo que el papel del pediatra es crucial.

También hay que tomar en cuenta lo difícil y desilusionante que resulta en la actualidad -aunque la propaganda diga lo contrario- un eficaz tratamiento contra la obesidad.

Por último, esta patología ha aumentado de manera alarmante en nuestro medio.

Pero, ¿que es la obesidad?

En si misma no es una enfermedad, sino que es un complejo sintomático producto de la acumulación de grasas en mayor cantidad que lo normal en el organismo, lo que se traduce en un peso excesivo.

¿Qué implica la obesidad durante la infancia?

La inconveniencia radica básicamente en los problemas emocionales, sicológicos y particularmente el riesgo aumentado que tienen estos niños de llegar a ser adultos obesos.
Se estima que entre dos de cada diez niños menores de dos años, que tienen gordura, son futuros obesos en la edad escolar, pero por otra parte, sólo el 10 por ciento de los escolares obesos fueron lactantes gorditos.

Otra edad que marca la futura obesidad está dada en la adolescencia. Dicho de otra forma, siete de cada diez púberes que cursan con sobrepeso a esta edad serán adultos obesos. A esas edad los pediatras ya perdimos la oportunidad de haber cambiado hábitos.

¿Cuales son los riesgos que la obesidad representa para los adultos?

Hay un riesgo hasta tres veces superior de padecer diabetes mellitus, hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares respecto de las personas que tienen un peso normal.

También se complican la enfermedades respiratorias; tienen mayor frecuencia de várices; más problemas digestivos, especialmente colelitiasis, sobre todo en las mujeres.

Curiosamente, se ha descubierto recientemente el aumento de la incidencia de algunos cánceres en las personas obesas.

Otras complicaciones son lesiones de piel a nivel de los pliegues y un riesgo aumentado de tener problemas en las extremidades inferiores, artrosis preferentemente.

Por todas estas razones el rol del pediatra es fundamental en la prevención de la obesidad desde el primer año de vida.

Obesidad, ¿es sinónimo de comer mucho?

Tradicionalmente ha sido considerada como el producto de comer mucho y moverse poco.
La información que tenemos en la actualidad es que esto es verdad, son factores que se relacionan con ella, pero hay otros elementos, entre ellos los genéticos, que son muy importantes en el desarrollo de este trastorno. La pediatría tiene la gran oportunidad de pesquisar a este grupo de niños en su más tierna infancia para adecuar los hábitos necesarios de una correcta alimentación ¡Grupo de alto riesgo!

¿Cómo se hace el diagnóstico de esta enfermedad?

Cualquiera de nosotros, sin haber estudiado medicina puede decir "este niño es obeso". Es cosa de palpar los pliegues en el abdomen, de ver la cara, los muslos. La simple vista tiene más del 80 por ciento de coincidencia como el diagnóstico médico. Esto habitualmente lo puede hacer la familia o las personas que viven junto al niño.

¿Cómo se cualifica el sobrepeso?

Los médicos usamos la balanza. Es lo más común. Pero un número absoluto no tiene ninguna importancia si no se relaciona con la estatura del niño. Se deben comparar las tablas de pesos y estaturas, parámetros que usan los servicios de salud en todo el país.

El peso es variable de una persona a otra porque tejidos, además de la grasa corporal, son distintos de un organismo a otro. También, los tejidos muscular y óseos son diferentes.

Una persona puede pesar más de lo que le corresponde, pero si es un atleta ese sobrepeso corresponde a músculos y no grasa. Sería un error calificarlo como un obeso.

El diagnóstico definitivo de la enfermedad es médico, quien a través de una adecuada evaluación del contenido de grasa, músculos y tejido óseo podrá definir el porcentaje de sobrepeso. Y, aún más, con el apoyo del laboratorio, descartar enfermedades secundarias.

¿Es lo mismo sobrepeso que obesidad?

Una persona tiene sobrepeso cuando supera el 10 por ciento del peso para su talla. Es obeso cuando esta cifra es mayor al 20 por ciento.

sábado, 5 de enero de 2008

El Papel De Los Genes En La Obesidad

Seguro que muchos padres y madres que sufren de obesidad se han planteado en algún momento si su enfermedad afectará también a sus hijos e hijas. ¿Es la genética un factor decisivo? ¿Se puede hacer algo por evitarlo o hay que asumir lo inevitable?

Padres y madres deben tomar conciencia y asumir los errores que comenten en su dieta y estilo de vida para evitar trasladarlos a sus hijos, ya que la clave se centra en "comer mejor y moverse más".

¿De padres obesos, hijos obesos?
Cuando los padres son obesos o uno de ellos lo es, la probabilidad de que sus hijos sean obesos aumenta. De hecho, se estima que los hijos tienen entre un 50% (si uno de los dos progenitores es obeso) y un 80% (si ambos lo son) de probabilidades de serlo también, eso sí, considerando que la genética no es un factor decisivo.

Para entenderlo mejor, aun considerando que ciertos genes predisponen a esta enfermedad, si a ello no se suman otros factores como la falta de ejercicio o una dieta inadecuada rica en grasas o azúcares; en la mayor parte de los casos la obesidad no se desarrollará.

Analicemos el papel que juegan los genes y los últimos avances científicos al respecto.

Últimos avances científicos
Los estudios en torno al papel que desempeñan los genes en el desarrollo de la obesidad son constantes, si bien aún queda mucho por investigar y por aprender. Lo más importante de todo lo descubierto hasta ahora radica en que se abren nuevas vías de tratamiento que consideran los genes a nivel individual. Esto permite individualizar aún más, si cabe, su terapéutica y que ésta sea más eficaz.
Los genes de la obesidad
En el desarrollo de la obesidad, además de la influencia que tienen ciertos factores ya conocidos (dieta, ejercicio, factores socioculturales, etc.), otro elemento a considerar es el perfil genético individual. De hecho, está plenamente demostrado que los genes intervienen en el centro del hambre, en la regulación del peso, en el número y tamaño de los adipocitos y en la distribución del tejido graso en diferentes partes del cuerpo, así como en el gasto energético.

Se intuye que el balance energético de una persona puede estar influenciado hasta en un 40% por su herencia genética, afectando tanto a su apetito como a su metabolismo y composición corporal. Por el momento tan sólo han sido detectados algunos de los genes implicados en la aparición de la obesidad, ya que es posible que su número supere la cifra de los 25.000. Algunos de los genes más estudiados en los últimos años son: leptina (gen obese -Ob-) y su receptor (gen diabetes -DB-), moléculas implicadas en la diferenciación de los adipocitos y en el transporte de lípidos (PPAR, Ap 2) y receptores adrenérgicos (ADR 2 y 3), entre otros. ¿Cuál es la aplicación práctica de todo esto? Para tener una idea más clara, se ha demostrado que la alteración del gen receptor adrenérgico beta 3, hace que la persona engorde si no hace ejercicio con regularidad.

En este caso el tratamiento debería apoyarse en el ejercicio físico, más aún que sobre la propia dieta. Por otro lado, las personas no asimilamos por igual todos los nutrientes según nuestra base genética; es decir, asimilamos de forma diferente las proteínas, los hidratos y las grasas. Por tanto, si conocemos dicha información genética, podría recomendarse a cada persona que limitara en menor o mayor medida la ingesta de uno de dichos nutrientes, por ser el que más le perjudicaría frente al tratamiento de su obesidad. De hecho, aquellas personas que sufren de una mutación en el gen PPAR, deben limitar la ingesta de grasas por encima del resto de consideraciones terapéuticas.

Otros ejemplos de defectos genéticos son aquellos que afectan al centro del hambre y de la saciedad situado en nuestro cerebro. Tal es el caso del síndrome de Prader-Willi, una enfermedad de origen genético que provoca en la persona un hambre insaciable y una obesidad extrema desde la infancia. Otros síndromes genéticos reconocidos en la actualidad son: Bardet-Bield, Cohen y Alström-Hallgren, entre otros. En este contexto se abre un amplio horizonte de futuro para el desarrollo de la terapia génica de la obesidad. Un futuro prometedor, puesto que cuando la obesidad esté causada por ausencia o defecto de determinados genes, la incorporación de un gen o fragmento de ADN permitirá subsanar el defecto existente.

La obesidad, ¿cómo evitarla?
Los avances sobre la obesidad son constantes, si bien nuestro esfuerzo y motivación siguen siendo el arma más eficaz para vencerla. De hecho, la solución más razonable sigue siendo la dieta y el ejercicio, mediante un cambio cultural que suponga aprender a comer mejor y a moverse más, y reduciendo la ingesta de calorías de forma permanente.

Los niños y niñas aprenden por imitación de todo lo que les rodea, en especial de la familia. Por tanto, si quieres evitar que tus hijos desarrollen obesidad, como padre o madre debes adoptar como primera medida "descubrir los errores que cometes en la dieta y el estilo de vida". Ello exige que te informes de cuales son las causas que conducen a la obesidad, que analices las dificultades y busques estrategias o soluciones empleando los recursos necesarios y que solicites ayuda cuando sea preciso a profesionales cualificados.

Cuanto antes actúes, mejor

Ante la obesidad se ha de actuar cuanto antes para prevenir dificultades mayores y más permanentes. De hecho, se ha demostrado que si el niño/a padece sobrepeso entre los 6 meses y los 7 años de edad, tiene un 40% de posibilidades de ser un adulto obeso, mientras que si éste se presenta entre los 6 y 13 años, la posibilidad aumenta hasta el 70%.

Fuente: consumer.es

El decálogo de la alimentación saludable

1.- Variada.
Acostumbra a tu hijo o hija cuanto antes a que coma de todo y a degustar los sabores de distintos alimentos. La clave para educarle en hábitos alimentarios saludables está en ofrecerle una alimentación variada desde sus primeros años de vida. Es difícil que el niño aprenda a comer bien si no le has dado la posibilidad de tomar contacto con una gran variedad de alimentos.

2.- Sana.
Escoge los alimentos con menos grasa, con poca sal, abundantes vegetales (verduras, frutas, legumbres y cereales integrales), y en cantidades acordes a su apetito y a sus necesidades.

3.- Equilibrada.
Es imprescindible que conozcas el menú del colegio, para complementarlo con el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena, y hacer así una alimentación equilibrada. Los alimentos deben distribuirse a lo largo del día para que el cuerpo obtenga de ellos los nutrientes que necesita, según sus exigencias.

4.- Nutritiva.
Ofrécele alimentos de todos los grupos (frutas, verduras, carnes, pescados, cereales, legumbres…) para que pueda elegir los que más le gusten. Y está en tus manos evitar que tu hijo consuma habitualmente alimentos superfluos, llenos de calorías vacías, como dulces, refrescos, chucherías, patatas fritas de bolsa y similares o precocinados como hamburguesas y pizzas.

5.- Apetecible.
Si cocinas los alimentos (verduras, pescados, legumbres…) de diferentes maneras, combinas los alimentos que sabes que le gustan menos a tu hijo con otros que le agradan más y presentas los platos en la mesa de forma atractiva, tienes muchas garantías de que la comida le resulte más apetecible.

6.- Divertida.
Hazles partícipes de la compra, la elaboración de comidas, la preparación de la mesa, etc. Esto puede ser una oportunidad para que aprendan buenos hábitos y disfruten de la comida.

7.- Sorprendente.
Enséñales todo lo que sabes sobre los alimentos: para qué sirven, qué funciones desarrollan en el cuerpo, cuánto necesita el cuerpo de cada alimento…

8.- Ordenada.
Disfrutad en familia del momento de la comida o de la cena, en un ambiente relajado y tranquilo; siguiendo un orden a la hora de comer: primer plato, segundo plato y postre.

9.- Consistente.
Asegúrate de que el niño hace al menos 3 comidas consistentes al día: desayuno, comida y cena. Y si pasan más de 4 horas entre una y otra, anímale a que tome un tentempié.

10.- Educativa.
Es esencial que la educación de hábitos alimentarios saludables se lleve a cabo tanto en casa como en la escuela. La educación exige de la familia paciencia, dedicación, constancia, disciplina, no hacer concesiones inaceptables y también cierto respeto por el apetito del niño, siempre que su ritmo de crecimiento y desarrollo se encuentre dentro de la normalidad.

Fuente: consumer.es